Mis gatos y sus pequeñas rarezas.

Cloe y Mr. White

Cloe y Mr. White

A lo largo de los años he tenido muchos gatos, unos propios que vivían conmigo, otros pseudo míos (vivían en mi casa y jardín pero eran almas callejeras y libres) y otros que eran callejeros de mi jardín. Estos últimos eran los amos y señores de mi jardín y las hamacas pero nunca se dejaron tocar, solo comían y hacían vida en armonía conmigo pero nada más.

Los gatos son seres especiales, tienen personalidad y rarezas, muchas rarezas. Sus rarezas los hacen únicos y yo he recolectado a lo largo de los años una lista más o menos extensa gracias a mi experiencia son ellos. Ay! la vida gatuna, la vida mejor.

Hace ya un porrón de años vivía en una casa con jardín en la sierra madrileña, era una casa baja, medianamente grande (bueno, era bastante grande, la verdad) y con una terraza bastante agradable para los días de verano. Recuerdo que un día mi madre abrió la puerta de casa y allí estaba una gata rechonchita, de ojos redondos y grandotes como los de un búho mirándola tranquilamente. Mi madre empezó a darle de comer trocitos de fiambre y la gata todos los días a la misma hora estaba en la puerta esperando su comida. Una mañana descubrimos que la gata no comía en el plato que le dejábamos sino que se llevaba su comida ¡Tenía una camada! Fueron pasando los días un una mañana al salir a ponerle su comida nos dimos cuenta que teníamos una familia de gatos viviendo en nuestro jardín. Así empezó nuestra aventura felina con un ir y venir de gatos.

Estos primeros gatos nuca se dejaron tocar, solo entraban en casa cuando sabían que la puerta no se iba a cerrar nunca y solo se fueron del jardín cuando les llegó su hora menos uno, Tobita, que la encontramos muy enferma y murió en casa porque la habían envenenado. La madre de esta camada, Reina (como la llamó mi madre) se dejaba tocar pero nunca coger y siempre estaba sentada en la puerta a la misma hora esperando su comida hasta que un día no volvió.

El Abuelo apareció un día en el jardín, mi madre al principio lo echaba porque se comía la comida de los reyes del jardín pero el perseveró y al final nos rendimos. Era un gato ENORME, con una cabeza redonda y cara de pachón, los colmillos le sobresalían un poco de la boca y siempre estaba durmiendo encima de una caja de madera que les hicimos a modo de casa. Su peculiaridad era que SIEMPRE estaba ahí tumbado viviendo feliz su vida de gato viejo y callejero.

En esa época llegó a casa Manuela. Era una gatita que se encontraron unos amigos y me trajeron a casa. Era diminuta, estaba empapada y no podía abrir los ojos por culpa de las legañas, estaba viva de milagro. Mi madre no la quería en casa y prometí que cuando se recuperará viviría en el jardín con los demás. Manuela nunca salió de casa. Se convirtió en la bebé de casa y como tal, vivía. Mi madre se la metía en el bolsillo de la camisa del pijama y mientras hacía las cosas de casa la gata se quedaba ahí durmiendo. Era una gata peculiar. No maullaba por comida, se sentaba al lado de su plato a esperar que se la sirvieran, dormía con almohada y arropada, le encantaba sentarse en el borde de la bañera a ver como te duchabas, dormía al lado de mi madre durante toda la telenovela y cuando sonaba la canción del final se levantaba y se iba a comer, así todos los días. Nunca socializó con los demás gatos, era una borde y no había gato que se ganara su cariño, no salía de casa al jardín, ella prefería sentarse en la alfombrilla de la entrada mientras mi madre hacía sus labores de jardinera. Cuando me tocó dejarla ir tras 9 años juntas…

Manu!

Manuela

Ifrit y Corneta fueron dos gatitos callejeros que acabaron adueñandose de mi cama. Ifrit dormía encima de mi almohada rodeándome la cabeza, lo hizo desde muy pequeñito y así fue siempre, le encantaban las patatas fritas y los kikos. Nunca supe que le pasó y prefiero no saberlo. Corneta llegó a casa metido en la camiseta de Corneta (un amigo que por herencia familiar le quedó el mote) que se lo encontró y como no sabía cómo llevarlo en la moto se lo metió ahí (imaginad como acabo el pecho del pobre hombre). Era un gato redondito todo él, tenía una herida casi cicatrizada que le recorría la tripita de costado a costado pero eso no el impedía ser un glotón. Gato grande y gordo cuando creció que tenía la manía de chuparte la ropa como si estuviera mamando. Todas mis camisetas acababan llenas de babas gatunas. Ifrit y Corneta fueron inseparables hasta el último día.

Cuando Manuela murió adopté a Cloe que ya lleva 5 años a mi lado. La vi en una tienda de animales que la regalaban, fue amor felino-humano a primera vista. Me la dieron tan chiquitita que me cabía en una mano. Su primer contacto conmigo fue escalando por mi brazo y situándose en mi hombro como un loro para jugar con mi pelo, después se metió en la capucha de mi sudadera y ahí me la llevé a casa sin dudarlo. Nunca perdió la costumbre de subirse a mi hombro. Cloe es una gata-perro que odia los juguetes para gatos y le encantan las bolsas de plásticos hechas pelotilla. Si le lanzas la bolsa ella corre a cogerla, te la trae y la deja a tu lado para que se la vuelvas a tirar y así infinitas veces, al final te cansas tú antes que ella. Odia los taquitos de comida húmeda, solo los chupa y deja ahí la carne, para que se los coma hay que hacerlos paté, solo bebe agua si ve está nueva (no bebe agua si ha pasado la noche en el cuenco), la comida tiene que ser del día, no esperes que como algo que le pusiste la noche anterior, le encantan las Pringles verdes, el helado, el yogurt y las cascaras de las pipas (cuando como pipas tengo que tener mil ojos). Siempre que llego a casa se sube a lo alto del sofá para que la salude, no puedo cerrar la puerta cuando estoy en el baño porque se pone a maullar como loca y prefiere ir metida en un bolso a ir en un transportín.

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Cloe

De Marvin no puedo decir mucho. Le adopté y se hizo inseparable de Cloe. Era un gato que tenía un miedo atroz a los humanos, te dejaba estar en su entorno pero nunca que le tocaras. Conseguí que me tuviera algo e confianza y se dejaba dar mimos cuando estaba dormitando pero nunca se acostumbró a vivir en una casa. Tenía afición por mis pies, siempre quería jugar con ellos y me llevé muchos arañazos. Un día se fue por la ventana porque quería ser libre de verdad.

Marvin

Marvin

Y el último gatito que ha llegado a casa todos le conocéis desde que era un bebé, Mr. White. Es un gato-bebé extra mimado (mea culpa) que tiene que estar con nosotros en el baño (más conmigo que con churri), cuando me levanto por las mañanas y voy a hacer pis van los dos conmigo y White tiene que estar en brazos sino maúlla hasta el cansancio, cuando me ducho se tumba en el bidé y luego se mete en la bañera, chupa el agua y escarba como intentando tapar lo que está mojado. Duerme en posturas de yoga gatuno o como los bebés cuando le tienes en brazos. Cuando le echo agua en el cuenco comprueba la temperatura metiendo la pata y si está muy fría espera para beber (siempre lo deja todo perdido), a veces duerme en el cubo de la ropa sucia o se sienta encima del cubo de la basura para tener mejor visibilidad de lo que estoy haciendo. En casa tenemos en el pasillo de la entrada una mesa y cuando llegas está escondido y cuando pasas se abalanza a tus piernas a darte un mordisquito. De pequeño hacía gracia pero ahora tiene unos dientes enormes y, a veces, hace daño. Algo que me hace gracia es que le cuando le hablo me contesta con un maullidito.

Mr. White

Mr. White

Gracias a todos ellos por haberme dejado ser parte de sus vidas: Abuelo, Reina, Mono, Negro, Azabache, Tobita, Ifrit, Corneta, Princesa, Willy, Zoe, Marvin y, sobre todo ella, Manuela. D.E.P

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Un comentario en “Mis gatos y sus pequeñas rarezas.

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